PARROCO ASESINADO

El pasado 8 de agosto el padre José Reinel Restrepo Idárraga dio unas declaraciones al programa Oriéntese, en el que manifestó su rechazo a la explotación de oro a cielo abierto en el municipio de Marmato, Caldas.

lunes, 17 de octubre de 2011

Caramanta tierras y minas 1 y 2


Caramanta tierras y minas I

Viaje del sociólogo y escritor al suroriente de Antioquia. La tierra de la granadilla ahora más parece la tierra de los pastos y los dominios de un “desconocido” ‘Señor’ a quien todos temen.

A las 6 de la mañana dejamos atrás la montaña de oro con sus socavones, sus guacheros y su conflictivo futuro. Las bocaminas son cada vez más escasas mientras trepamos por una carretera destapada en buen estado, lo que levantó suspicacias en mi compañero de silla en un bus que bregaba contra la pendiente: “Es que últimamente se ven por acá muchas camionetas de la compañía y a los ingenieros no les gusta el zangoloteo”.
Las casas de los mineros son descuidadas y oscuras, como si fueran la prolongación de los túneles donde trabajan; construidas en cemento y tejas de zinc, no tienen flores ni árboles frutales. Al cruzar la cuchilla aparecen a lo lejos Riosucio y Supía, también en la mira de las grandes compañías mineras canadienses. Al avanzar hacia Caramanta, los cultivos de granadilla se hacen más frecuentes. Desde lejos parecen gigantescas cobijas que arropan las lomas; de cerca, las frutas maduras que cuelgan tienen algo provocativo, casi erótico.
Las construcciones de bahareque y teja de barro no dejan duda de que entramos en una región campesina. La quebrada Arquía es el límite municipal entre Marmato y Caramanta. La carretera marca otra frontera: en las tierras altas y frescas se ven más potreros que fincas; en las bajas y calientes, más fincas que potreros. Arriba predomina la ganadería; abajo, el café y la caña panelera. Dos modos de trabajar la tierra, y de vivir. Al pasar por una construcción nueva y extraña, que no es ni galpón ni establo, sino corral cubierto, me explican entre silencios que pertenece al “Señor”. Me quedé esperando el apellido.
Caramanta es, sin más, un pueblo bello. Y limpio. Como todos los pueblos del suroeste antioqueño, tiene una iglesia gris de torres altas y agudas; una plaza espaciosa, todavía enmarcada por casas de bahareque, y puertas, ventanas y balcones en madera pintados con azules y verdes, anaranjados y amarillos, rojos y rosados, que combinados unos con otros transmiten una alegría y unas ganas de vivir que dejan tocar el espíritu del pueblo.
Las calles que convergen en la plaza, que vienen de abajo o van para arriba, muestran la misma cara. Los niños juegan a la pelota en las aceras, las colegialas pasan apuradas, los viejos toman tinto en las esquinas, las mujeres balconean apoyadas en los antebrazos. El hotel donde me hospedé tiene un patio amplio; empedrado; rodeado de begonias, azaleas, geranios; tiene comedor con ventanales en el primer piso y sala con reloj de péndulo en el segundo. El resto son alcobas limpias con sábanas recién planchadas.
Historia de saqueo
Caramanta fue andaregueado por conquistadores en busca del oro indígena y de las minas de donde se sacaba. A mediados del siglo fue erigida como Real de Minas con dos encomiendas y adscrita a la Gobernación de Popayán, con el nombre simbólico de Sepulturas, dada la cantidad de tumbas de naturales. Hacia 1820, empresarios acomodados de Medellín pagaron con bonos de la Independencia 160.000 fanegadas y fundaron la Nueva Caramanta, posesiones donde se establecieron poco a poco colonos campesinos prevenientes de Arma, Sonsón y Abejorral en busca de guacas, tierras nuevas y minas de oro.
Minas y tierras han hecho la historia del suroeste, un territorio que se disputaron Antioquia y Cauca en una pugna que se cerró con la guerra del 75 a favor de los antioqueños. Por su lomerío pasaban los caminos que comunicaban a Medellín con Cali y Popayán, y a Medellín y Pereira con Quibdó. La gente de Caramanta vive aún muy orgullosa de que Carlos Gardel haya pasado una noche en el pueblo. Por supuesto, después del fatídico accidente en Medellín.
La Violencia de los años 50 en el suroeste estuvo vinculada a los tres grandes corredores de colonización antioqueña hacia el occidente: Dabeiba, Urrao y Ciudad Bolívar. La región de Caramanta, Supía y Támesis dependía del Comando Superior del Suroeste, mandado por el liberal Juan de J. Franco, que operaba en el triángulo Dabeiba-Urrao-Salgar. Fue una violencia exclusivamente banderiza en sus comienzos; se fue transformando en conflicto social en la medida en que incluía la economía cafetera de Caldas; como se sabe, fue una de las estrategias para concentrar la propiedad territorial en la región limítrofe con Caldas. En la década de los 70, a tun tun de la bonanza bananera en Urabá, aparecen grupos guerrilleros del Epl y las Farc que dominaron tanto la cuenca del Riosucio como la del Murrí y que se expandieron en los 90 hacia Salgar, Concordia y Caramanta.
La economía y la guerra
A raíz del rompimiento del pacto cafetero se derrumbó el precio del grano en los mercados internacionales. De 1,39 dólares la libra en 1998, cayó a 0,89 en 1991. La Federación de Cafeteros apeló a elevar la productividad para defender la economía cafetera e impuso la sustitución de las tradicionales variedades, el arábigo y el borbón, por el caturra y la colombia, que implicaban un costoso paquete técnico que no obstante hizo nuestro café sensible a la roya. El resultado fue la ruina de un gran sector de la economía cafetera campesina y el fortalecimiento de una nueva capa de empresarios.
El desempleo y la emigración afectaron la estable estructura económica de Caramanta. Al mismo tiempo, y no de manera independiente, el país entero se enrumbó hacia el narcotráfico. Los jóvenes —los cientos de muchachos que el colegio Juan Pablo Gómez Ochoa botaba al desempleo— salieron a buscar fortuna hacia las zonas productoras de coca y a los centros donde reinaban los carteles de Cali y Medellín. Y uno que otro regresó rico a su pueblo como cualquier español después de haber hecho su América. Es el caso del señor del pueblo, el Lord Voldemort, “el que no debe ser nombrado”, “el que tú sabes”, “el señor oscuro”, el “Señor”.
La coca no llegó a Caramanta —ni en general al suroeste—, pero llegó el paramilitarismo en todas sus versiones, desde las Convivir hasta las Auc. “Existen registros de prensa sobre el accionar de estos ejércitos privados en municipios como Andes, Caramanta, Venecia, Concordia y Urrao, que consiste básicamente en amenazas, desapariciones, asesinato selectivo de campesinos y líderes cívicos acusados de pertenecer o simpatizar con la insurgencia y delincuentes comunes” (Verdad Abierta).
En Caramanta y vecindades actuaba La Escopeta. En ninguna región fue tan palpable el tránsito de las Convivir a las Autodefensas (1995-1997). Unos años después, estos grupos se organizaron como Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá (Accu), fundadas por Carlos y Vicente Castaño. El grupo en Caramanta estuvo comandado por Doblecero, un oficial del Ejército, y después por René, un carnicero que había estado en las Farc, que actuarían en adelante como Bloque del Suroeste.
En el campo militar era una organización más, pero en el plano económico se distinguió por no traficar con cocaína, por lo menos en el sector de Caramanta. Sus recursos salían principalmente de la extorsión generalizada. Campesinos, transportadores, bares, comerciantes, terratenientes, pagaban entre 30.000 y 300.000 pesos mensuales, sin excepción. Había varias bases permanentes en predios de grandes haciendas de donde salían a realizar sus operativos, que además del boleteo, consistían en “limpiar de indeseables la región”[1].
Las autoridades municipales no se dieron por enteradas del fenómeno. Por el contario, todo parece indicar que se subordinaron a los paramilitares. Más aún, la enorme mayoría de asesinatos que ejecutaron no fueron registrados por los medios. Fuentes informadas locales calculan que entre 1991 y 2006 hubo más de 200 asesinatos en el municipio. El Bloque Suroeste ingresó al proceso de Justicia y Paz en Ciudad Bolívar en 2005, bajo el mando del Águila, de cuyo paradero no se tiene noticia. Otro de los comandantes del bloque fue el famoso Tasmania, que se apropió de muchas tierras en la zona donde mandaba.
El destierro, el monopolio
Los testimonios recogidos en el municipio indican que durante estos años de control paramilitar emigró y fue desplazada mucha gente. Según el DANE, la tasa de crecimiento de la población es negativa: -3,2. La tierra tendió a ser concentrada con una rapidez inusitada. El índice de concentración de Gini es 0,6036, donde uno es la perfecta desigualdad y cero la perfecta igualdad. El 0,46% posee en el suroeste el 45% de la tierra. Las cifras concretas en Caramanta no deben ser muy diferentes.
La expansión de los señores de la tierra en el municipio tuvo lugar en la misma época, aunque se hizo en zonas distintas y bajo modalidades diferentes. En la zona fría, arriba de 2.000 metros, predominaba la ganadería de leche en fincas de propietarios o poseedores tradicionales. Eran fincas medianas —de entre 20 y 70 fanegadas—, no muy productivas y con grandes problemas de transporte, puesto que las vías no sólo no eran pavimentadas, sino que se veían interrumpidas por constantes derrumbes, como el que bloqueó el paso en La Balastrera durante varias semanas el invierno pasado.
Algunos campesinos vendieron sus predios o los perdieron con los bancos. Uno de ellos fue el padre del “Señor”. Perdió su finca mientras su hijo prosperaba en el Valle del Cauca. Cuando regresó rico, compró no sólo la propiedad que su padre había perdido, sino las de sus vecinos, y las de los vecinos de sus vecinos, hasta adquirir un gran globo que continuó ampliando hasta el punto de que hoy es considerado el más grande y potente hacendado de la región.
Las tierras situadas arriba de la carretera que une Valparaíso y Marmato, atravesando Caramanta, son prácticamente la hacienda del innominado. Hay unas pocas cejas de monte en la parte más fría, y en los últimos tiempos el “Señor” cultiva la granadilla y el tomate de árbol con trabajadores traídos de Urrao —donde son especializados en esas frutas— y de otros pueblos. Lo demás, el 90% de sus tierras, está en pastos, algunos mejorados. Del casco municipal salen todos los días varios buses con jornaleros para el ordeño, la limpia de potreros, el cuidado del ganado y el laboreo de la granadilla.
Cuando se viaja hacia el pueblo y se pregunta por las propiedades, la respuesta es la misma que le daba el Gato con botas al rey: “Son de mi señor, el Marqués de Carabás”. Sobraría decir que la influencia local, y en particular política, que tiene este gran hacendado es equivalente a la extensión de sus propiedades y a la capacidad para emplear trabajadores. En buena medida el pueblo depende de sus decisiones. Tiene además una política de lo que llaman ahora responsabilidad social. Ha contribuido a la construcción del ancianato y otras obras pías.
Lea mañana en nuestra edición de lunes festivo la segunda parte de esta historia.
Alfredo Molano Bravo / Especial para El Espectador | elespectador.com

Caramanta: tierras y minas II

A los habitantes de Caramanta les preocupaban los estrechos lazos entre la gran minería y la concentración de la tierra, por eso crearon el Cinturón Occidental Ambiental (COA). / RICARDO PEREA
Segunda parte del relato de viaje del sociólogo y escritor a este municipio en el que muestra cómo los terratenientes y la minería están cambiando el mapa agrícola de una rica región.
La zona caliente —Manzanares, Sucre, Aguadita, Naranjal, Chirapotó— fue siempre y es tierra de caña panelera. Tradicionalmente el cultivo se hacía por medio del sistema de aparcería o medianería, llamada localmente “de cepa”. Los grandes propietarios de la tierra poseían al mismo tiempo trapiches donde se molía la caña, se extraían las mieles y se fabricaba panela. La caña —la cepa— era propiedad del campesino cultivador, pero la tierra era del hacendado.

El producto, la panela, se dividía en partes iguales. Había trapiches que tenían 100 y hasta 150 campesinos que trabajaban y vivían bajo esta modalidad. Las relaciones entre el dueño de la tierra y los campesinos se regían por la costumbre y nunca se presentó el caso de que uno de estos reclamara —pese a la vigencia de la ley 200 del 36— la propiedad donde cultivaba la cepa. La caña panelera no tiene épocas de zafra donde toda la caña se corta; más bien se descepa de cuando en cuando, de manera que los ingresos monetarios son constantes. La gran mayoría de las tierras cálidas del municipio eran así explotadas.

Hace unos años llegó otro señor a comprar tierras y compró todas las que los trapiches le ofrecían. El precio de la panela pasaba por un mal momento. Los ingenios del Valle del Cauca habían entrado al mercado y ofrecían panela a precios que a los campesinos les daban pérdidas o ingresos muy escasos. Entre 1998 y 2005, la panela se pagaba a un promedio de 600-700 pesos por unidad. No sólo compró los grandes trapiches con sus extensas tierras, sino que destruyó físicamente los entables y hasta antiguas casas de hacienda, para sembrar pastos e instalar ganaderías extensivas.

El resultado: más de 500 familias campesinas despojadas de su modo tradicional de vida. El proceso tuvo lugar mientras el Bloque Suroeste, comandado por René, dominaba las vidas de los pobladores y dormía en las haciendas. Durante todo el tiempo de presencia paramilitar, el Ejército y la Policía no trabaron un solo combate con miembros del bloque, ni se supo de detenidos y ni siquiera de informes a las autoridades judiciales.

Verdad Abierta.com señala: “La confusión inicial entre los grupos de vigilancia legales y los grupos ilegales de autodefensa fue aprovechada por estos últimos para ganar confianza entre la población y obtener información. Por falta de cohesión social y poca presencia estatal, muchas personas del común se convirtieron en aliados estratégicos de quienes serían el flagelo para muchos y alivio para pocos”.

Café amargo

Entre las tierras frías y las tierras calientes están las tierras templadas, tierras de café: el camino de la colonización antioqueña. El café cumplió el papel que la coca ha cumplido desde el 70 en la colonización del piedemonte, de las selvas y de los llanos del oriente. Desde la segunda mitad del siglo XIX, el café alcanzaba precios internacionales, rentables para los cultivadores que en el suroeste de Antioquia y en Caldas tuvieron que enfrentarse al poder de las concesiones de tierra hasta anularlas. Fue un cultivo campesino por excelencia, trabajado en parcelas medianas o pequeñas, con mano de obra familiar y con variedades que requerían sombrío con frutales de guamo y plátano que no sólo abonaban la tierra, sino que daban de comer a la familia.

En Caramanta el café ha sido el eje de la economía regional. Como en toda la comarca, la crisis del grano en los noventa afectó muy seriamente a los cafeteros, impuso el cambio de variedades por parte de Fedecafé y con ello sacó del mercado a los más débiles, a los que no pudieron financiar el cambio.

Con todo, el café siguió siendo la fuente de trabajo y de ingresos de la mayoría de los campesinos de la franja cálida, hasta que comenzaron a sentirse amenazados, por arriba y por abajo, por los señores de la tierra que cada día hacían mejores ofertas de compra. Al no verse coronadas en la notaría, los cafetaleros recibían amenazas. Se compraron y vendieron fincas; se transfirieron títulos. Se desplazaron campesinos.

Los paramilitares controlaban el orden público. Un botón de muestra: “El 6 de febrero de 1993 en Caramanta, Antioquia, paramilitares en número aproximado de 25 efectivos fuertemente armados, desaparecieron a los hermanos Nubia Sánchez Sánchez y Edier Sánchez Sánchez, los cuales fueron sacados de su vivienda ubicada en la inspección departamental Alegría. Antes de irse el grupo, dijeron tener una lista negra de 25 personas a las que les pasaría lo mismo. El día 27 fue desaparecido el inspector de la inspección departamental Sucre, cuyo cadáver fue encontrado torturado en los primeros días de marzo” [2].

Las crisis de los cafeteros nunca son totales. Los salva de la bancarrota la estrategia llamada economía de sancocho: todo lo que en una parcela se da, cabe: maíz, yuca, plátano, fríjol y pasto, y, por lo tanto, tres vacas lecheras con soga. Así, algunos campesinos aceptaron la invitación que les hicieron los lecheros grandes de la parte alta, incluido en estos el ‘Señor’.

Organizaron una cooperativa lechera para reducir costos y elevar su poder de negociación con los intermediarios. Lograron algunos éxitos, sobre todo en relación con la carretera, que el departamento mejoró. Pero poco a poco los productores mayores fueron sacando a los menores con el argumento de que la leche de los pequeños llegaba agria y dañaba la de los demás.

Los parceleros fundaron su propio organismo: Asociación Agropecuaria de Caramanta (ASAP). No sólo para resolver el problema de la leche, sino los de la caña, el café y otros comunes: crédito, insumos, comercialización y, por supuesto, las amenazas de compra coactiva o convenida de predios por parte de los señores de las zonas alta y baja. Hoy son 80 socios que defienden tres principios básicos: la producción agroecológica; la participación de las mujeres en pie de igualdad con los hombres, y la familia, y no el individuo, como unidad de afiliación y decisión. En el fondo se trata de una estrategia para defender tanto la economía como la cultura campesinas. Saben que el secreto de la economía es la cultura, entendida como una tradición de normas, valores y territorio.

El peligro de la minería

Los campesinos —cañeros, cafeteros, fruteros, lecheros y buena parte de los pobladores del municipio y las regiones vecinas— son conscientes de un peligro más que implícito, encubierto en la acelerada concentración de tierras: la gran minería. Desde hace unos años han registrado el renovado interés por lo que se ha llamado en la región el ‘cateo’, es decir, la búsqueda de yacimientos de metales preciosos.

Una práctica que caracterizó a la colonización antioqueña y que se había dejado atrás. Lo que inquieta a la gente es que el cateo de hoy va más allá: es una exploración sistemática y técnica del territorio. No sólo de Caramanta, sino de Riosucio, Supía, Támesis, Jardín, Valparaíso. Más aún, los campesinos han identificado a la compañía que lleva a cabo los estudios geológicos: la Solvista Gold Corporation, que “maneja títulos mineros que comprenden los municipios de Caramanta, Guadalupe, Támesis, Valparaíso, Gómez Plata, Amalfi, Carolina del Príncipe, Anorí, Angostura y Campamento, en Antioquia” [3].

El descubrimiento no se paralizó en el asombro y el miedo. Los pobladores de los municipios nombrados se comunicaron entre sí las sospechas y se reunieron en Támesis, el pasado mes de julio, para evaluar las amenazas que representa la gran minería en sus municipios. Concluyeron que era urgente la creación de un organismo colectivo para “visibilizar y plantear acciones contra el Plan Nacional Minero, que actualmente se viene instalando en nuestra región, sin importar las implicaciones ambientales, sociales y económicas que ello representa”.

Y crearon el Cinturón Occidental Ambiental (COA) para defender “nuestra cultura, nuestras selvas altoandinas que resguardan el agua, los bosques, la biodiversidad, el paisaje” y que busca ser miembro de otra organización más amplia y más fuerte: la Red Colombiana Frente a la Gran Minería.

El conjunto de movimientos organizativos muestra por primera vez los estrechos lazos que hay entre la gran minería y la concentración de la tierra. La cuestión es simple, los grandes empresarios agropecuarios buscan asociarse a la locomotora minera porque saben que pueden negociar bien el derecho a la servidumbre que los asiste. Es muy posible, además, que algunos de ellos hayan obtenido concesiones y títulos mineros sobre yacimientos, susceptibles de negociación con las multinacionales.

El mapa de concesiones mineras en los municipios de Caramanta y vecinos es asombroso. El ‘señor que todos sabemos’ tiene haciendas en río Conde, donde tiene títulos mineros la Solvista, y en Yarumalito, donde la concesionaria es la Colombian Mines Corporation. Se avecina pues un conflicto muy peligroso entre las titularidades territoriales de las grandes compañías mineras, los señores de la tierra y los movimientos campesinos.

De Caramanta salimos con el último sol. Desde una curva pudimos observar y gozar un paisaje extraordinario: la vertiente occidental de la cordillera Central, desde Angelópolis y Sonsón, hasta Manizales y el Nevado del Ruiz, prácticamente todo el territorio de la colonización antioqueña del siglo XIX. Pero más asombroso e insólito fue divisar con toda nitidez la cresta del páramo de Sumapaz, situado en la cordillera Oriental. Con la sensación de haber tocado un horizonte cercano, de salida pasamos por Valparaíso, cuna del general Rafael Uribe Uribe, un caudillo que nunca dejó de hacer sus ejercicios quinestésicos en la madrugada, pero que en verdad poco le servían a la hora de hacer la guerra.
http://www.elespectador.com/impreso/nacional/articulo-305913-caramanta-tierras-y-minas-ii

domingo, 16 de octubre de 2011

Miles de personas marcharon en contra de la megaminería


Jorge Cuéllar – EL NUEVO DÍA
Más de cinco mil personas hicieron parte de la ‘Segunda Marcha Carnaval: Sí a la vida, no a la megaminería’.
Con representaciones teatrales, pancartas, arengas y un sinnúmero de expresiones, los tolimenses marcharon ayer por la vida y en contra de la megaminería.

Más de cinco mil personas recorrieron la carrera Quinta, hasta la Plaza de Bolívar, en la ‘Segunda Marcha Carnaval: Sí a la vida, no a la megaminería’.

“Estamos marchando en contra de la megaminería y a favor del agua y la vida. Principalmente una marcha es un punto de opinión de la gente”, manifestó Fabián Prada, uno de los coordinadores del Comité Ambiental en Defensa de la Vida. 

Y sostuvo que la idea “es mostrarle a Colombia entera que en Ibagué y el Tolima hay un gran número de personas que estamos en contra de la explotación minera a cielo abierto y protegiendo las fuentes hídricas que se verán afectadas. El hecho de cambiar una tradición agrícola por una minera es algo ilógico; deberíamos de apostarle más al cuidado de nuestra biodiversidad y no destruirla”.

En la movilización participaron campesinos de Cajamarca y Espinal, así como tolimenses provenientes de diferentes municipios de la ‘Tierra Firme’ e indígenas de Ortega.

“Hemos decidido privilegiar el agua y la vida por encima de cualquier ambición económica y material con que nos pretenden deslumbrar, en cabeza de la transnacional Anglogold Ashanti, con sus promotores enquistados en los gremios económicos y en la mayoría de los noticieros radiales, quienes nos quieren imponer sí o sí, la megaminería de oro a cielo abierto con lixiviación de cianuro o minería de voladura y desaparición de montañas”, expresó el Comité Ambiental en Defensa de la Vida.

Durante el recorrido fueron recolectadas firmas con el interrogante: ¿Está usted de acuerdo con la exploración y explotación minera de La Colosa en Cajamarca y en el Cañón del Combeima?, esto con el fin de promover actividades de protección al medio ambiente y frenar la explotación de La Colosa.

El acompañamiento de las mascotas
Algunos manifestantes acudieron a la Marcha Carnaval con sus mascotas, es el caso de Atenea, una perra labrador que acompañó a Óscar Iván Cuéllar durante el multitudinario acto.

“El acompañamiento de las mascotas es para dar a entender que los animales también tienen derecho a marchar. De otro lado, la movilización es muy importante porque el oro no vale nada a diferencia del agua”, sostuvo Óscar Iván.

Teatro en la marcha
‘El principio del fin’, fue la obra teatral que algunos manifestantes representaron durante el recorrido que se efectuó por la carrera Quinta en la Marcha Carnaval.

“Llevamos unos personajes de una obra que se llama ‘El principio del fin’, que plantea la problemática de un futuro sin agua, alimentos y animales, donde lo único que queda para comer son los mismos seres humanos. Estos personajes tienen todo el oro del mundo, pero no hay agua; para qué el oro si no hay agua”, expresó Wilson Hernández, profesor de Teatro del Sena.

Y agregó: “No sé por qué a los seres humanos se les metió en la cabeza que el oro debe tener algún valor, cuando realmente lo único que debe tener valor en este mundo son los alimentos y el agua.

“Sin alimento y sin agua, ¿qué somos?. Podemos tener todo el oro y los diamantes del planeta, pero sin agua no hay comida y sin los dos no hay vida”. 


En defensa de la madre tierra

Los Pijaos también acompañaron la movilización por la vida y en contra de la megaminería, adelantada por los ambientalistas del Tolima. 

“Vamos a acompañar la marcha porque La Colosa nos podría dejar sin agua, algo que nos pertenece a los ciudadanos colombianos. Lo que están haciendo es contaminando el agua, sacando el oro y los minerales, por eso es un deber de nosotros cuidar a la madre tierra”, expresó Julio Villabón, perteneciente a la etnia Pijao Los Tunjos, de Ortega.

Indicó que “fuimos primero nosotros los indígenas que estuvimos en la zona y personas externas vienen a sacar los tesoros de Colombia, a dejarnos en la ruina y a meternos en un grave problema, porque el funcionamiento de esa mina puede acabar con Ibagué.

“La madre tierra nos está reclamando, porque la tierra cobra lo que es de ella. Vamos a luchar hasta el fin. Es nuestro deber y tenemos que cuidar el medio ambiente”.

La mina la Colosa en Colombia

¿Sabe usted en que consiste el proyecto de explotación de oro la colosa en Cajamarca?



El proyecto de explotación de oro en el municipio de Cajamarca (Tolima) conocido como la mina la colosa, que pretende realizar la multinacional surafricana Anglo Gold Ashanti atraviesa como todo proyecto minero por dos etapas:
1.Exploración: se determina la cantidad de oro, su ubicación y distribución.
2.Explotación : si el oro es profundo y concentrado, se explota mediante túneles; si de lo contrario diseminado se explota mediante una mina a cielo abierto.

EXPLORACION:


La empresa solicita un permiso de exploración, mediante el cual es autorizada por el
gobierno para realizar una serie de pequeñas perforaciones en el terreno para establecer si
hay oro, cómo está concentrado y a qué profundidad se encuentra; para así establecer la forma de explotarlo.


Aqui podemos ver imágenes de la exploración en la zona de Cajamarca, hasta aquí va el proyecto la colosa.(mayo 2009)








las pruebas realizadas por la multinacional Anglo Gold Ashanti en Cajamarca sugieren que el oro esta superficialmente disperso por una área de cerca de 515 hectáreas de la zona de reserva natural y por ende se necesita explotarla por el método de minería a cielo abierto





¿ y cómo se explota una mina a cielo abierto?






En primer lugar , con maquinaria pesada se destruye toda la capa vegetal con el fin de exponer el suelo….






Una vez despejado el suelo, se hacen pequeñas perforaciones en la tierra donde se instalan explosivos que luego al accionarse aflojan la tierra.





En los 15 años que durará la explotación de oro en Cajamarca, la multinacional Anglo Gold Ashanti utilizará alrededor de 1`000.000 de toneladas de explosivos… 10 veces el poder de la bomba atómica de Hiroshima.


Una vez aflojada la tierra, con maquinaria se procede a “raspar” toda la montaña, con el fin de remover enormes cantidades de roca, ya que el oro está en partículas microscópicas
esparcidas en toda la tierra.





En las minas a cielo abierto , para extraer un kilogramo de oro se necesitan remover entre 130 a 150 TONELADAS DE TIERRA.

En Cajamarca se estima que se removerán de esta manera 600.000 TONELADAS DE TIERRA DIARIAS.


Una vez se tiene el material rocoso, se le deposita en enormes pilas sobre plásticos, donde se le rocía por semanas enteras con una solución de agua con cianuro, que al irse escurriendo junta las partículas de oro, para luego llevar esta mezcla liquida de agua + oro+ cianuro a unas enormes piscinas donde con carbón activado se separa el oro del resto de materiales.




Además se estima que la cantidad utilizada por la mina se acerca a los 250.000 litros de agua POR HORA.

El futuro de las mas de 515 hectáreas de reserva natural,donde se planea realizar la explotación minera en Cajamarca, será muy similar al de esta fotografía tomada de la mina de oro de Yanacocha en Perú.

Esta situación nos hace preguntar:




¿ Y dónde quedarán los 161 nacimientos de agua que según cortolima se encuentran en la zona de explotación minera?


¿Qué pasará con el rio Coello, bermellón, y las decenas de quebradas que abastecen el sistema de riego de espinal conocido como Usocoello?


¿Qué pasará con el milenario bosque de niebla, su biodiversidad y las especies en vía de extinción que allí habitan?


¿Qué pasará con los millones de toneladas de tierra impregnada con cianuro que dejará la multinacional tras de si?


¿ Acaso es sostenible esta actividad que mata la naturaleza, esteriliza los suelos y aniquila la vida?
¿ Qué pasará con los depósitos subterráneos de agua que se contaminarán por los inevitables drenajes ácidos que dejará la mina tras de si?





Además en una región con pendientes mayores a 45º, con múltiples fallas geológicas y cercana al volcán machín…


¿Cómo nos garantizará la multinacional que en caso de un sismo o derrumbe, el cianuro contenido en las piscinas no se derramará por todo el rio Coello contaminando así todo el plan del Tolima y el rio Magdalena?




¿ Qué pasará con la inevitable lluvia ácida generada por las masivas emanaciones de oxido nitroso producto de las explosiones en la mina?

¿ES ESTO DESARROLLO Y BIENESTAR PARA NUESTRA REGION?




PORQUÉ EL AGUA VALE MAS QUE EL ORO:
COLOMBIANOS TODOS DIGAMOS

SI A LA VIDA

NO A LA MINA





Su participación y compromiso es muy importante, ayúdenos a construir, Conciencia ambiental


conciencia.ambiental09@gmail.com


conciencia-ambiental09.blogspot.com

Diez mil personas marcharon en rechazo a los proyectos de explotación de la mina 'La Colosa'


Cerca de 10 mil personas marcharon por las principales calles de Ibagué en contra del proyecto de minería en el municipio de Cajamarca, en el occidente del Tolima.

Las organizaciones sindicales pidieron al Gobierno impedir el proceso de exploración y posterior explotación en la mina ‘La Colosa’, ubicada en Cajamarca a cargo de una reconocida multinacional.

Por su parte, las autoridades no reportaron personas lesionadas o alteraciones de orden público en medio de la manifestación.

http://www.caracol.com.co/noticias/regional/diez-mil-personas-marcharon-en-rechazo-a-los-proyectos-de-explotacion-de-la-mina-la-colosa/20111014/nota/1562542.aspx



miércoles, 12 de octubre de 2011

Colombia quiere acelerar proyectos mineros


 

Mauricio Cardenas, ministro de Energia y Minas de Colombia
Mauricio Cardenas, ministro de Energia y Minas de Colombia
Paul Smith / Bloomberg

BLOOMBERG

Colombia intenta asegurar que proyectos mineros vinculados al oro y al carbón entre otros avancen a “toda velocidad” para fomentar la producción y los ingresos del gobierno, dijo el ministro de Minas y Energía, Mauricio Cárdenas.
Colombia quiere que el crecimiento de su industria minera esté a la par de la creciente inversión en la producción petrolera al favorecer proyectos que cumplan con las normas ambientales y sociales sin demoras, dijo Cárdenas en una entrevista, al tiempo que se negó a nombrar proyectos específicos.
“Varios de estos proyectos son bastante sólidos y necesitamos asegurarnos de que avancen, y de que lo hagan a toda velocidad”, dijo hoy Cárdenas, que tiene 49 años, en sus oficinas de Bogotá. “No todos estos proyectos recibirán luz verde, sólo aquellos que son sólidos”.
El presidente Juan Manuel Santos atrajo inversiones a Colombia de compañías como OGX Petróleo Gas Participações SA de Eike Batista y Grupo Carso SAB de Carlos Slim al debilitar a los grupos guerrilleros y abrir nuevas áreas de exploración en medio de la creciente demanda global de energía y oro.
Los precios más altos del oro llevaron a Milton Rodríguez, miembro de una comisión del Senado que supervisa los recursos naturales, y a otros legisladores a impulsar aumentos impositivos a las compañías mineras.
Colombia debería trabajar en la implementación de los recientes cambios en la manera en que el gobierno distribuye los ingresos provenientes de la minería, y no en cambiar las tasas de los impuestos, dijo Cárdenas.
“No creo que sea el momento apropiado”, dijo.
Demoras en los proyectos
Cárdenas, que fue director del Brookings Institute en Washington, D.C., asumió su puesto el mes pasado. Anteriormente ejerció cargos en el gobierno, como el de ministro de Transporte y director de Planificación Nacional, según el sitio web del gobierno.
Entre las empresas que intentan desarrollar proyectos de minería en Colombia figuran AUX Canada Acquisition Inc. de Batista, que compró este año el control de Ventana Gold Corp. para tener depósitos de oro en Colombia. En mayo, AngloGold Ashanti Ltd., el productor de oro cuyo accionista más importante es el multimillonario John Paulson, dijo que el desarrollo de su mina Colosa en Colombia está demorado por los crecientes costos y por un proceso de permisos muy lento.
La oposición a la minería en una zona de vertientes frenó el desarrollo de un proyecto minero de $1,000 millones para extraer oro de Eco Oro Minerals Corp., anteriormente llamada Greystar Resources Ltd. La empresa en marzo retiró las solicitudes de permisos para la mina Angostura, con el argumento de que planeaba un proyecto menor que tuviera en cuenta cuestiones ambientales.


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lunes, 10 de octubre de 2011

Marmato: un tesoro rodeado de corrupción, ilegalidad y pobreza


Marmato es un pueblo antiguo dominado por la pobreza, pero que es paradójicamente apetecido por su extrema riqueza. En sus entrañas se cree que hay cerca de 10 millones de onzas de oro que durante los últimos años comenzaron a ser extraídas mediante un enjambre de mineros ilegales, los cuales están muy cerca de quedarse con los brazos cruzados porque en su reemplazo se preparan multinacionales.

La controversia se desató hace varios meses, pero acaba de salir nuevamente a flote porque la Contraloría General de la Nación denunció la existencia de un cartel para la entrega de títulos mineros, hecho que dirigió las miradas hacia este municipio del departamento de Caldas.

Según la Contralora General, Sandra Morelli, la entidad ha hecho más de 100 hallazgos de irregularidades y falta de control en la entrega de licencias para la explotación minera. Añadió que Caldas es uno de los departamentos más afectados.

Precisamente señaló a las minas de Marmato, donde hay investigaciones contra funcionarios del Ministerio del ramo en esa zona. Caracol Radio estuvo en Marmato y encontró que en medio de la riqueza del oro, hay una desbordada pobreza y un futuro incierto por la manera en que fueron adjudicadas estas explotaciones.

El municipio está ubicado en el occidente de Caldas, tiene 450 años de historia, es el segundo productor de oro en Colombia, pero quizás el municipio más pobre de la región centro occidental del país.

Esta localidad, con cerca de cinco mil habitantes, se debate en la encrucijada de una explotación a cielo abierto que deja sin empleo a cerca de mil mineros, del traslado del pueblo a una área cercana porque está en zona de alto riesgo, del desconocimiento de las normas ambientales, y de la ausencia de las inversiones de las regalías que, como un contrasentido, no han servido para el desarrollo histórico de la comunidad.

La población está ubicada en la montaña El Burro. Allí hay 250 minas, 150 de las cuales son ilegales y las otras 100 apenas en proceso de legalizar. 

Los estudios señalan que en el lugar hay por explotar alrededor de 9.8 millones de onzas de oro, lo que ha generado una fiebre de riqueza que alienta la minería ilegal, la cual se ejerce en pequeños socavones donde han sobrevivido los habitantes de la población por cuatro siglos. Ellos se resisten a dejar su actividad, según lo dijo a Caracol Radio el representantes de la Asociación de Mineros, Yamir Amar.

Llegan las multinacionales

A la zona llegaron hace ocho años las multinacionales ofreciendo el oro y el moro; compraron el 80 por ciento de las vetas. Este proceso lo empezó Mineros Nacionales, posteriormente llegó Medoro, en junio asumió su manejo la multinacional canadiense Gran Colombia Gold, la que ofrece explotación a gran escala con la posibilidad de extraer diariamente 40 mil toneladas de mineral de una producción calculada al año de 250 mil onzas. La presidente de la junta directiva de la multinacional María Consuelo Araujo, asevera que este proceso llevará beneficio a los lugareños y ayudará a la preservación ambiental de la zona.

Pero los expertos de la Universidad Nacional, sede Manizales, consideran que además de un efecto económico y social incierto, la explotación a cielo abierto generará un gran problema ambiental y la destrucción de los recursos naturales. El geofísico del centro educativo, Gonzalo Duque, teme que este tipo de explotación genere escasez de recursos hídricos, la cual ya se advierte en la región.

El gerente de la Corporación Regional Corpocaldas, Juan David Arango, indicó que se trabaja en un plan de acción, con inversiones de cinco mil millones de pesos para amainar el impacto de la problemática técnica, social y económica, pero exigió a la multinacional que recién llegó a la zona, claridad en el manejo de la explotación minera y acciones concretas.

Ahora la encrucijada está en resolver cual es la salida para evitar que la población desaparezca o sus habitantes emigren a otras zonas, como está ocurriendo con los jóvenes, quienes a falta de opciones están movilizándose hacia Medellín, Manizales y Pereira. 

En Marmato se está quedando sola la población adulta, en medio de considerables niveles de pobreza y una confrontación política que divide a los defensores de los mineros o de los extranjeros canadienses que insisten en que la explotación a cielo abierto es benéfica para la región.

El dirigente sindical Oscar Gutiérrez insiste en que no se han respetado los derechos de los ciudadanos y que hay que buscar alternativas de solución como permitir que los pequeños mineros exploten las minas que deben ser legalizadas como derecho adquirido de muchos años.

Una decisión en tal sentido está en manos del Gobierno nacional pero, en especial de los ministerios del Medio Ambiente y de Minas y Energía, que según analistas, no han medido el impacto de la grave situación de Marmato.

Por: Mariela Márquez Quintero
http://www.caracol.com.co/noticias/economia/marmato-un-tesoro-rodeado-de-corrupcion-ilegalidad-y-pobreza/20111009/nota/1559564.aspx

La nueva guerra


Hace diez años los profesores Collier y Hoeffer publicaron un artículo famoso sobre las causas de los conflictos armados internos. Examinaron 68 guerras que tuvieron lugar entre 1960 y 1999, y concluyeron que la avaricia es más importante que la convicción como motor del conflicto: la gente no pelea por ideales sino ante todo por hacerse al control de la riqueza.
La teoría anterior es muy simplista, pero ayuda a entender la evolución del conflicto colombiano: unas veces para enriquecerse y otras para financiar la guerra, los actores armados han vivido detrás de las bonanzas, y por eso la violencia comenzó por las regiones cafeteras y se fue trasladando hacia el petróleo en Santander y Arauca, o hacia las esmeraldas en Boyacá, el banano en Urabá, la tierra valorizada del Magdalena Medio, el carbón del Cesar, la coca en la Orinoquía o la amapola en el Cauca.
Es más: según Collier y Hoeffer, el conflicto se da cuando hay bonanzas pero el Estado no es lo bastante rico para aplastar de entrada a la guerrilla- como pasó en Colombia; cuando hay partes del territorio donde el Estado no existe -como en Colombia; cuando se viene de guerras mal resueltas que dejaron heridas, hombres y armas por ahí regados y listos para engancharse en una nueva guerra- como Colombia.
Cierto que, para algunos, ya no tenemos ‘conflicto’; y es indudable que las tasas de homicidios o secuestros disminuyeron bastante bajo Uribe, que las Farc quedaron muy golpeadas y que las AUC se desmovilizaron. Pero también es indudable que la violencia sigue, que la guerrilla no desaparece y que los paras o las bacrim al lado de los narcos mantienen vivo nuestro conflicto armado.
Y estos rescoldos, digamos no extinguidos, están a punto de re-agrandar el incendio, al favor y al calor de la nueva bonanza que tenemos: la minera. Diría yo, en efecto, que la “locomotora” está alimentando al menos cinco tipos de violencia que se dan o se mezclan en las regiones productoras:
-Hay la más obvia de los actores armados dedicados a explotar la minería o los mineros, porque el oro o el coltán son mucho más rentables que la droga; así sucede en Córdoba, en el Huila y en otras varias regiones de Colombia.
-Hay los pequeños mineros del oro o el carbón que están siendo expulsados, a veces con apoyo de los gobiernos locales; el alcalde de Suárez, por ejemplo, desalojó a los pequeños por “ilegales” y agudizó el conflicto que sufre la región.

-Hay los mega-proyectos ubicados en territorios étnicos que amenazan el modo de vida y los derechos de las comunidades; los habitantes del Alto Atrato, por ejemplo, recibieron 73 mil hectáreas del gobierno, 55 mil de las cuales ya estaban adjudicadas a una multinacional que operará en terrenos “sagrados” de los emberas.
-Hay los pozos petroleros en zonas “recuperadas” por el Estado, donde vuelven y se inventan los conflictos laborales y la “acción popular” de las guerrillas; las protestas que paralizaron la producción en Puerto Gaitán o en Barranca de Upía son una muestra clara de este reinvento.

-Y hay los agentes de seguridad privada, o el pago de vacunas, o la creación de cuerpos paramilitares que las empresas mineras o energéticas requieren para llevar a cabo sus actividades; aunque la información o las pruebas al respecto no abundan, a la memoria está el famoso episodio de la Mannesmann y más frescos están los incidentes de Chiquita.

Tener recursos naturales es una bendición, y una bonanza bien manejada puede ser el despegue económico y social para un país. Pero también existe “la maldición de los recursos”, las bonanzas minero-exportadoras que en un país tras otro destruyen el ambiente, arrasan con la industria, acaban los empleos, concentran la riqueza y aumentan la corrupción.
Algo de todo eso está ocurriendo en Colombia, y de por sí sería motivo suficiente para pensar en serio el hasta dónde y el cómo debe seguir andando la gran locomotora. Y si ello no bastara, pensemos por lo menos que llevamos un karma y que la nueva guerra está a la vuelta de la esquina.
Por Hernando Gómez B

INVASIONES MINERAS EN COLOMBIA - PARTE 1

INVASIONES MINERAS EN COLOMBIA - PARTE 2

INVASIONES MINERAS EN COLOMBIA - PARTE 3

INVASIONES MINERAS EN COLOMBIA - PARTE 4