PARROCO ASESINADO

El pasado 8 de agosto el padre José Reinel Restrepo Idárraga dio unas declaraciones al programa Oriéntese, en el que manifestó su rechazo a la explotación de oro a cielo abierto en el municipio de Marmato, Caldas.

miércoles, 27 de octubre de 2010

COLOMBIA: Gobierno reitera prohibición de explotación minera en páramos

EL DILEMA DEL PÁRAMO DE SANTURBÁN
EL ORO QUE ENRIQUECE O EL AGUA QUE DA VIDA

JORGE WILLIAM SÁNCHEZ LATORRE, abogado, montañista, ambientalista.

El Páramo de Santurbán es detentador de dos importantes riquezas que en mi sentir se excluyen entre sí: En sus más de sesenta mil hectáreas abundan el oro, la plata y otros minerales de alta estima y de gran valor comercial, cuya explotación sin duda alguna reportaría –por concepto de regalías y oportunidades de trabajo- beneficios económicos para la región. Por otra parte, es un valioso ecosistema donde existen más de cuarenta lagunas, centenares de riachuelos, variada y abundante vegetación captadora y retenedora del vital líquido; es decir, se trata ni más ni menos que de una verdadera y gran fábrica de agua de la cual nos beneficiamos todos los seres vivos de este Gran Santander y de otras regiones del país.

El dilema, entonces, resulta evidente: Si se explota el oro y la plata a gran escala y a “cielo abierto”, como lo pretende la transnacional canadiense Greystar, esos recursos hídricos y todos los demás elementos bióticos del páramo resultarían seriamente afectados y en grave peligro de extinguirse en detrimento, por supuesto, de todos los que somos beneficiarios de los mismos. Si se excluye de ese ecosistema todo tipo de actividad minera (y cualquier otra actividad humana que lesione el páramo como la agricultura y la ganadería) la gran fábrica de agua podrá conservarse a perpetuidad. Obviamente, nunca se captarán los recursos económicos derivados de las regalías ni se ocuparán centenares de brazos actualmente cesantes. Entonces, citando a quien es considerado la conciencia ecológica del país, Andrés Hurtado García, me pregunto con él “¿Que vale más: El oro que engorda los bolsillos o el agua sin la cual no hay vida ni bolsillos que engordar?”

La decisión que hace pocos días adoptó el Ministerio de Ambiente (auto 1241 de abril 20), en el sentido de devolverle a la Greystar el estudio de impacto ambiental de su proyecto “Angostura” para que presente uno nuevo en el que “deberá considerar el ecosistema denominado “Páramo de Santurbán” como área excluida de la actividad minera”, implica que –al menos por ahora- uno de los actores gubernamentales de carácter nacional involucrados en el dilema planteado toma decididamente partido a favor de la protección del páramo. El otro actor, el Ministerio de Minas y Energía, al haber otorgado por conducto de “Minercol” a la Greystar la concesión minera N° 3452, está a favor de la explotación de minerales auroargentíferos sin importar que la misma se desarrolle en su mayor parte en zona paramuna. Entonces, surgen estas preguntas: ¿Deben primar las actuaciones y decisiones del Ministerio de Minas o las del Ministerio de Ambiente? ¿Qué pasa cuando entran en conflicto normas, actuaciones y decisiones de ambos ministerios, conflicto en cuyo vórtice está un ecosistema que racionalmente debería ser protegido?

La Corte Constitucional, en memorable fallo de exequibilidad de mayo 7 de 2.002 donde proclamó el “Derecho al Ambiente Sano”, sentó su posición sobre el particular creando lo que ella misma llamó el “Principio de Precaución” o “in dubio pro ambiente”, según el cual “…en caso de presentarse una falta de certeza científica absoluta frente a la exploración o explotación minera de una zona determinada, la decisión debe inclinarse necesariamente hacia la protección del medio ambiente, pues si se adelanta la actividad minera y luego se demuestra que ocasionaba un grave daño ambiental, sería imposible revertir sus consecuencias.” (Sentencia C-339).

Habrá que esperar los resultados de la decisión que adopte el Ministerio de Ambiente frente al recurso de reposición a que tiene derecho la Greystar, la que, con toda seguridad, va a defender con “uñas y dientes” no solo su proyecto sino la gran inversión efectuada. Confiamos quienes nos hemos proclamado desde hace muchos años como defensores del Páramo de Santurbán que la decisión se mantenga ya que la misma es el resultado de la correcta interpretación de las normas jurídicas que regulan los páramos en Colombia y, además, como ya se dijo, está avalada por la jurisprudencia de nuestro máximo Tribunal Constitucional.

Ojalá la CDMB avance con prontitud en su proyecto de constituir la zona del Páramo de Santurbán que corresponde a Santander en Parque Natural Regional, tal y como ya lo hizo hace algún tiempo su homóloga de Norte de Santander, CORPONOR, con la parte de este valioso ecosistema que por linderos le compete. De esta manera ese gran patrimonio de los santandereanos quedaría definitivamente fuera del alcance de las transnacionales mineras y de cualquier depredador del medio ambiente.

http://www.iniciativaambiental.net/noticias/Soberania/Soberania_popular/2010/5/16/El-dilema-del-Paramo-de-Santurban-El-oro-que-enriquece-o-el-agua-que-da-vida/

Gobierno reitera prohibición de explotación minera en páramos

La ministra de Ambiente, Vivienda y Desarrollo Territorial dijo que está en estudio la licencia ambiental a la canadiense Greystar.La explotación minera está total y definitivamente prohibida en los páramos y otras zonas protegidas del territorio nacional, reiteró la Ministra de Ambiente, Vivienda y Desarrollo Territorial, Beatriz Uribe Botero.
La advertencia de la funcionaria fue hecha durante un debate en la Comisión Quinta del Senado, a donde asistió para abordar el tema de la explotación minera en el páramo de San Turban y su eventual afectación al ecosistema.
Frente a la posibilidad de otorgar licencia ambiental a la empresa canadiense, Greystar, para explotación de oro en límites de los departamentos santandereanos, la titular de la cartera señaló que ante el Ministerio se radicó dicha solicitud y que en tal sentido se realizarán los estudios técnicos con base en cartografía detallada.
"Sólo de esta manera se logrará identificar si el proyecto contempla para esta actividad alguna zona de páramo. En todo caso y a todas luces la exploración y la explotación minera no está permitida por Ley", enfatizó Uribe Botero, según un informe de prensa.
En cuanto a los procedimientos que actualmente adelanta el Ministerio, la titular de la cartera recordó que los estudios se realizarán también para lo social y ambiental.
Indicó que el próximo 21 de noviembre se adelantará una audiencia pública en la cual podrán participar los interesados, que previamente estén inscritos para presentar sus planteamientos al respecto.
Destacó la importancia del censo que adelanta Ingeominas para determinar la situación de los títulos mineros otorgados en zonas de importancia estratégica para el medio ambiente.
Señaló que "anterior al nuevo Código se expedían títulos mineros independientemente de la viabilidad ambiental, situación que debe revisarse. La Locomotora de la minería tiene que funcionar, en zonas que no estén excluidas por la Ley".
http://www.elespectador.com/articulo-230427-gobierno-reitera-prohibicion-de-explotacion-minera-paramos

domingo, 24 de octubre de 2010

COLOMBIA: Senadores piden al Gobierno no aprobar proyecto minero en el páramo de Santurbán

Martes 19 de Octubre de 2010
La Comisión Quinta del Senado de la República le solicitó hoy martes al Ministerio del Medio Ambiente, Vivienda y Desarrollo Territorial que no apruebe la intervención minera en el páramo de Santurbán, despensa de agua para un millón 700 mil habitantes de Santander y Norte de Santander.
Cabe advertir que en esta zona se han asignado más de 40 concesiones mineras, sin contar los proyectos que están pendientes de aprobación, como es el caso del proyecto Angosturas de la multinacional Greystar Resources, para extraer oro.

La solicitud de Comisión Quinta del Senado fue radicada por el congresista santandereano, Jaime Durán, quien aseguró que la explotación minera en el páramo de Santurbán podría generar contaminación del agua que recibirían los bumangueses y que alimenta fuentes hídricas de Norte de Santander. 
Al debate en el Senado asistieron los ministros de Minas y Energía, Carlos Rodado Noriega; de Ambiente Vivienda y Desarrollo Territorial, Beatriz Londoño Uribe, así como el director encargado de Ingeominas, César David López. Noticia en desarrollo.

lunes, 18 de octubre de 2010

Nueva explosión redujo posibilidades de encontrar vivos a mineros colombianos


Una nueva explosión ocurrida en la mina de carbón "La Esperanza" -localizada en la población de Tasco, en el departamento de Boyacá, en Colombia- redujo las posibilidades de encontrar con vida a dos mineros que están desaparecidosdesde hace dos días y con quienes los colombianos esperan que se repita lo que llaman el "milagro de Chile".
EImagenl jefe de la Defensa Civil de la región, Hugo Bohórquez, informó a la prensa que la explosión se registró esta mañana y provocó un nuevo deslizamiento de tierra en el socavón de carbón, donde permanecen atrapados Hernán Alfonso Barrera y John Freddy Ordóñez sin que se sepa si están vivos o muertos.
La nueva explosión no dejó socorristas heridos, pero sí obligó a éstos a trasladarse -desde el punto en el que se encontraban- a un túnel paralelo para lograr llegar al sector donde, se presume, están los dos mineros.
"En el túnel paralelo que se está elaborando hay una roca muy difícil de romper y por eso se ha tardado la excavación hasta el lugar donde se encuentran los obreros. Aún así, seguimos trabajando sin detenernos ni un sólo minuto", dijo Luis Fernando Piñeros, director de la Defensa Civil en Boyacá.
Un grupo de médicos, familiares y rescatistas permanece, a la espera de nuevas informaciones, en las afueras del yacimiento, situado en una región con numerosas minas de carbón que son explotados de manera rudimentaria y en las que son frecuentes este tipo de accidentes.

viernes, 15 de octubre de 2010

Quién controla la locomotora minera

controladorEl nuevo director de Ingeominas, Andrés Ruiz Rodríguez, reconoce que la capacidad fiscalizadora del Instituto está desbordada.
Un hallazgo de la Contraloría General de posibles irregularidades por más de 200.000 millones de pesos en la explotación de níquel de Cerro Matoso enciende las alertas en un momento en que el gobierno se la juega toda por cambiar el régimen actual en el manejo de estos recursos.
Documentos internos de la Contraloría General revelan las graves limitaciones de Ingeominas para verificar si las grandes empresas mineras le están girando a la Nación las regalías correspondientes a lo que producen.

Al revisar las cuentas de Cerro Matoso S.A., una de las minas de ferroníquel más grandes del mundo perteneciente a la BHP Billiton, situada en Montelíbano, Córdoba, la Contraloría General de la Nación encontró que las cuentas que por concepto de regalías presentó a la Nación están desfasadas en 23.000 millones de pesos. La entidad de control pudo establecer además que la empresa incluyó entre sus gastos de operación los correspondientes al sostenimiento del club y los colegios de los empleados. Una auditoría privada contratada por el Instituto Colombiano de Geología y Minería (Ingeominas), la entidad estatal que recauda y distribuye las regalías mineras de la mayor parte del país, con la excepción de aquellas provenientes de hidrocarburos, coincidió en la cifra.

La Contraloría además estableció que la empresa había negociado un material denominado canga, un subproducto de la explotación del níquel, por 180.000 millones de pesos menos de su valor real. La multinacional, basada en Australia, está discutiendo la validez de estos hallazgos ante un tribunal de arbitramento.

Este es uno de los descubrimientos que ha realizado la Contraloría, luego de dos años consecutivos de auditorías especiales a Ingeominas, y que está consignado en informes que hasta ahora salen a la luz pública, por iniciativa del representante conservador a la Cámara David Barguil.

"La información con la que se certifica el pago de las regalías mineras es en un alto porcentaje de buena fe", concluyó la entidad de control, luego de sus investigaciones. Dispara así una preocupante alarma en momentos en que el gobierno se la juega toda por cambiar el régimen actual en el manejo de estos recursos con un proyecto de ley en curso ante el Congreso.

Ingeominas recauda al año 1,6 billones de pesos que provienen de la explotación de minas de ferroníquel, carbón, oro, esmeraldas, sal, plata, hierro, entre otros metales, correspondientes a más de 3.000 títulos mineros. Para realizar esta labor, según informó a SEMANA esta entidad, tiene un equipo de 50 personas entre Bogotá y las diferentes regiones, que hacen al menos dos visitas al año por título. Si esto fuera real significaría que cada funcionario estaría cumpliendo la maratónica labor de realizar, en promedio, 120 visitas al año. Aun, de ser así, no podrían destinar más de dos días a cada visita para verificar si la producción que reportan las compañías mineras corresponde al pago de regalías que giran a Ingeominas. 

Aunque más del 90 por ciento de las regalías recaudadas provienen de tan solo 15 grandes explotaciones mineras, consideradas "proyectos de interés nacional", ni siquiera la información que declaran estas grandes empresas dueñas de estos títulos mineros es verificada debidamente, según los hallazgos de la Contraloría. Esto no solo deja un amplio margen para que ocurran irregularidades, sino que además permite que se puedan incumplir los términos de los contratos. 

Porque durante años el control de las regalías mineras estuvo en manos de Carbocol y Minercol, que terminaron infiltradas por la corrupción, fue que en 2004 se le trasladaron estas funciones a Ingeominas. Sin embargo, este había sido pensado como un instituto científico y no como recaudadora de regalías e impuestos. La Contraloría explicó en sus informes que, fruto de las dificultades en el cambio de sus funciones, la Subdirección de Fiscalización de Ingeominas ha tenido seis subdirectores en propiedad y nueve directores del servicio minero en menos de siete años. Cabe preguntarse cómo se puede poner en marcha una política consistente con semejante rotación de personal.

"Para qué nos decimos mentiras, la capacidad fiscalizadora del Ingeominas está desbordada", dijo a SEMANA su recién llegado director, Andrés Ruiz Rodríguez, quien explica que la estructura de la entidad no se adecuó al ritmo de crecimiento en las solicitudes de títulos y, además, que su presupuesto de 94.000 millones no es suficiente para verificar reportes de regalías por 1,6 billones de pesos. Ante sus limitaciones, Ingeominas contrató auditorías externas para mejorar su capacidad de control, pero por esta vía solo ha podido revisar dos grandes contratos, uno de los cuales confirmó los hallazgos de la Contraloría. 

Según sostiene Ruiz, es previsible que una situación similar se esté dando en las gobernaciones a las que el Ministerio les ha delegado funciones equivalentes a las de Ingeominas. Sin embargo, considera que si bien "es cierto que se parte de la buena fe de la minera multinacional, es atrevido decir que, porque no podemos fiscalizar con el suficiente nivel de detalle, todo el proceso es un acto de fe".

La contralora general, Sandra Morelli, dijo a SEMANA que desde hace unos días empezó a escuchar del tema, y ahora que ya identificó los informes, anunció que designará un Grupo de Reacción Inmediata dedicado al tema, dirigido por el vicecontralor. Asegura que no entiende por qué no se habían publicado los informes realizados por su entidad, pero que ya tiene suficientes elementos para comenzar a actuar. "Un tema que logra poner de acuerdo a congresistas tan opuestos como David Name, Jorge Robledo y David Barguil, definitivamente debe tener algo para revisarle", dice Morelli.

El representante Barguil viene liderando con su copartidaria, la senadora Nora García, un proyecto de ley que, entre otras cosas, busca que sea la Dian la que se encargue de recaudar y distribuir las regalías. Barguil aseguró a esta revista que "esta es la punta de un iceberg de un aberrante caso de corrupción en el que pueden estar refundidos miles de millones de pesos en regalías y en impuestos. Este es un tema donde no solo hay que mirar lo que pasa en las regiones cuando llega el dinero, sino fortalecer al Estado para que sí llegue lo que corresponde".

La propuesta contempla además endurecer la capacidad regulatoria del Estado en estos contratos, pues los informes de la Contraloría, por ejemplo, encontraron casos en que algunos mineros, aun sin estar al día con sus obligaciones o sin resolver deudas con la Nación, consiguieron grandes exenciones. "No es posible que, por ejemplo, haya carboneras que tenían que pagar en el año 1,2 billones de pesos y que lograron exenciones por más de 900.000 millones de pesos. Así no le está quedando nada al país", dice Barguil. 

El director de Ingeominas explica que en la gran minería las condiciones de los contratos y la aplicación de sanciones varían, pues depende de cómo el Estado haya negociado en su momento con cada empresa. Considera que el nuevo Código Minero le da mayores posibilidades al país para obtener beneficios de esta riqueza, aunque precisa que hay un debate jurídico sobre cuál es la reglamentación que se debe aplicar al renovar los contratos existentes. 

Morelli defiende la idea de entregarle estas funciones a la Dian, con mayor capacidad y experiencia en cobros eficientes. Además, cree que "el país tiene que mejorar su capacidad de negociación, y si hay cláusulas que hacen insostenibles los contratos, se puede buscar anularlos. Nadie está obligado al absurdo".

Este debate sobre cómo fortalecer la capacidad fiscalizadora real del Estado sobre los grandes emprendimientos mineros se torna álgido, ahora que el gobierno le está dando un impulso sin precedentes a este sector y que se ha impuesto el reto de convertirlo en locomotora principal de la "prosperidad democrática".
http://www.conflictosmineros.net/contenidos/10/6133

Las transnacionales canadienses, el Tiempo y Marmato

Carta del senador Jorge Enrique Robledo a Roberto Pombo, director de El Tiempo, 12 de octubre de 2010. Es notoriamente exagerada, falsa, la afirmación del enviado especial de El Tiempo a Marmato, Caldas, cuando dice que en 2006 “una avalancha se llevó la alcaldía, la plaza, la iglesia y 92 casas”. 

Seguramente, tal desproporción se explica porque su corresponsal fue a Marmato, dice la crónica (Oct.11.10), “por invitación de Medoro” Resources, la minera canadiense que tiene como meta destruir todo el casco urbano del municipio para montar una gran explotación de oro a cielo abierto.

No es casual que en Colombia, donde hay miles y miles de viviendas en riego y por todas partes, solo se esté en la tarea de desplazar a los marmateños, preciso donde el capital extranjero tiene el plan de extraer 7.5 millones de onzas de oro.

Y el debate, señor Director, no es solo sobre la legitimidad de desplazar a millares de marmateños que se resisten a perder su pueblo, sino sobre quién va a pagar el daño en caso de que la trasnacional se salga con la suya: si los extranjeros que se lucrarán en grande con el negocio o si Caldas y Colombia si se sigue dando pábulo a la falsedad de que hay que desplazarlos por riesgo.

La empobrecida Gobernación de Caldas lleva lustros invirtiendo en el desplazamiento de Marmato para lucrar a unos extranjeros que a la postre pagarán unas regalías insignificantes (entre el 1 y el 3.2 por ciento). La Colombia Golfields, otra minera canadiense a la que la Medoro le adquirió los derechos, compró y cerró más de cien minas y con total impunidad sometió a Marmato a una crisis social sin precedentes, al tiempo que anunció que “el coste total (del desplazamiento) podría estar alrededor de los 20 millones de dólares, con la posibilidad de compartir este gasto con el gobierno”.

El colmo de los colmos sería que a los marmateños los desplazaran para hacerle el negocio a la Medoro, que también se quedo con la Frontino Gold Mines, en Segovia, Antioquia, y que el resto del desplazamiento lo pagaran la Gobernación de Caldas y el gobierno nacional.
http://www.conflictosmineros.net/contenidos/10/6148

martes, 21 de septiembre de 2010

Deshojando la flor: La explotación minera en Colombia. ¿Sí o no?

12 septiembre, 2010 | BoletinesSeptiembre

“El auge de la minería ha puesto en peligro el tesoro más grande de Colombia: su biodiversidad y riqueza natural. La pregunta para el Estado es cómo hacer un desarrollo sostenible. El debate está abierto”
Censat Agua Viva, Enero de 2010
Por: Germán Andrés Quimbayo Ruiz y Lorena Sofía Correa*
Introducción
Los conflictos ambientales surgen a la par de poderosos intereses políticos y económicos en torno al uso, extracción y transformación de la naturaleza con fines productivos y económicos. El reciente caso del derrame de petróleo en el Golfo de México demostró cómo el afán de acumulación y consumo pueden desembocar en una gran catástrofe socio-ecológica en torno a la extracción de recursos naturales. De igual manera, se pueden nombrar otros ejemplos sobre los proyectos mineros y sus impactos no sólo ecológicos sino sociales, como el derrumbe de la mina San José en la ciudad chilena de Copiapó o  los “diamantes de sangre” en Sierra Leona y otros países de África Occidental.
¿Pero qué representan los conflictos ambientales? Cada día las preocupaciones relacionadas  al ambiente  tienen mayor cabida en las noticias y en distintos medios de comunicación. Esto se debe a la ocurrencia de diversos cambios sociales y económicos presentes en todo el mundo y a la importancia e influencia del movimiento ambientalista global en las decisiones políticas y económicas. Actualmente existe una “geopolítica ambiental”  (Castree, 2003) que establece tanto discursos como prácticas, que van condicionando, resignificando y transformando la relación naturaleza-sociedad en diversos niveles sociales y ecológicos. Entonces ¿la naturaleza será producto de nuestras sociedades? ¿o ella impone a través de sus ritmos nuestros asuntos como sociedad?
La relación naturaleza-sociedad debe entenderse como un conjunto de interacciones entre elementos sociales, culturales, políticos y ecológicos que se encuentran en un constante diálogo o desencuentro en eso que llamamos realidad. Dichos elementos no deben verse por separado, sino como un proceso global con diversas manifestaciones a nivel local. William Cronon (1996) afirmaba que a lo largo de la historia de la humanidad, eso que conocemos como naturaleza ha poseído una profunda construcción humana, la noción se ha reinventado una y otra vez dependiendo del contexto cultural y político desde donde se piensa y se percibe, aunque es imposible negar la importancia de comprender las dinámicas de la naturaleza no humana manifestada en la biodiversidad en sus diversas escalas y ecosistemas asociados, además de su constante e inseparable relación con las sociedades y en especial con el desarrollo de sus economías.
Al respecto, con frecuencia pasamos por alto la influyente dimensión histórica que tienen los factores biofísicos (expresada en ecosistemas, patrones climáticos, recursos, entre otros) en los procesos sociales que han producido y configurado el mundo en que vivimos. Sólo tomando un ejemplo, Jason W. Moore (2003), partiendo de algunas teorías del sociólogo alemán Immanuel Wallerstein, ilustra cómo el surgimiento del orden capitalista mundial ayuda en cierta forma a explicar el funcionamiento de las relaciones sociales, políticas y económicas relacionadas con los recursos naturales a lo largo de la historia en un “sistema mundo”. Es posible que estas relaciones se hayan manifestado a través de diversos cambios globales, entre ellos, conflictos ambientales actuales como el cambio climático, la transformación de ecosistemas, la pérdida de diversidad biológica, la polución, etc.
Pero en este punto vale la pena cuestionarse cómo estos procesos afectan también nuestra vida cotidiana y de qué forma. ¿Qué recursos naturales se explotan y para qué? ¿Con qué propósitos? ¿Qué tan fundamental es hacerlo? Estos interrogantes nos conllevan a abordar un asunto que actualmente tiene una gran resonancia en el debate de política pública en Colombia: la minería a gran escala.
Colombia: País minero
Flickr: Santiago La Rotta.
“Colombia País Minero 2019” es el eslogan con que el Gobierno nacional y las multinacionales de explotación minera, quieren seducir al país y llevarlo hacia este modelo de desarrollo económico, que si se termina de consolidar, será quizás una de las aventuras más arriesgadas y costosas que haya vivido Colombia. El país posee algunas regiones en donde su configuración geológica permite la existencia de yacimientos ricos en minerales como oro, carbón, petróleo, níquel y ferroníquel, entre los más importantes, los cuales son atractivos para las multinacionales mineras. Este proceso está propiciando importantes expectativas para la generación de capital y desarrollo de inversión extranjera en el país.
En varios casos ha sido claro que la actividad minera trae beneficios económicos. Sin embargo, muchas veces no son tan claros estos beneficios en el largo plazo, si es compensado el impacto ambiental que dejan las actividades mineras, ni cuál es el destino de los recursos económicos obtenidos por estas actividades. No hay que ir tan lejos. Respecto a los costos ambientales el debate surge porque estos costos no sólo involucran los aspectos económicos que exige el proyecto para su realización (adecuación de obras) que son los que se han tenido en cuenta hasta ahora en el cálculo de los costos del proyecto minero, sino que también involucran los impactos del proyecto a los habitantes de la región en el largo plazo, es decir, la relación salud y ambiente de los cuales poco se ha hablado. De otro lado, un reciente estudio[1] revela también que los municipios donde se practica la actividad extractiva generalmente son aquellos que tienen un índice de Necesidades Básicas Insatisfechas (NBI) muy alto.
Ante este panorama incierto y si no se toman las suficientes medidas, la consolidación de un proyecto minero nacional a gran escala y sus prácticas asociadas, manifestadas en diversas regiones del país, resultará en una serie de inequidades sociales y ecológicas, sin contar además, que los recursos mineros son finitos y no renovables.
Al principio la política minera existía sólo para favorecer los intereses de los terratenientes locales, luego, con la apertura económica, la actividad minera que hasta entonces se realizaba en el país se volvió ineficiente: minería de subsistencia, pequeña minería y mediana minería. Desafortunadamente, hoy en Colombia la legislación minera es muy laxa; casi que permite a cualquiera explotar recursos naturales donde quiera sin mayores requisitos, de manera indiscriminada y a gran escala; por ejemplo, la vigencia de las licencias ambientales dura todo el período de la concesión, sin derecho a modificación por parte de la autoridad ambiental y el Estado no tiene la obligación (puede hacerlo pero no está obligado) de revocarla si hay repetidas violaciones ambientales, dando así potestad para que la empresa genere daños ambientales sin reparación.
(…) el Artículo 203 no permite la posibilidad de que la autoridad ambiental niegue un pedido de uso de recursos naturales ocasional o transitoriamente en zona de exploración, y ni siquiera ordena a la misma autoridad un estudio de esa solicitud para que en cada caso imponga condiciones para la protección ambiental que se requiera. Simplemente exige otorgar la autorización (…) el artículo 213 hace prevalecer aspectos formales de los Estudios de Impacto Ambiental por encima del derecho sustancial a un medio ambiente sano y la obligación del Estado de protegerlo aún en caso de falta de certeza científica de los efectos dañinos de la actividad minera sobre los ecosistemas. (Censat Agua Viva, 2010, p. 38).
Así las cosas, la legislación minera ha sido concebida dentro del marco de la economía capitalista de forma tal que preserve los intereses de las grandes multinacionales y demás inversionistas con una concepción más bien miope y poco amplia de qué y a quiénes involucra el proyecto minero (directa o indirectamente) y qué y quiénes deben ser incluidos en él. Dentro del grueso de afectados están los grupos indígenas y afrocolombianos, cuyos territorios en la mayoría de los casos se encuentran ubicados en zonas de explotación. Estos grupos han sido “absorbidos de forma acelerada por los portafolios de inversión de empresas transnacionales y de agentes económicos nacionales”[2], desestabilizando así las estructuras productivas establecidas por ellos en épocas pasadas y generando miseria, ya que éstas etnias no son incluidas en el proceso productivo de las multinacionales dentro de sus territorios. El despojo de tierras y la modificación de las estructuras productivas son tan sólo la punta del iceberg de las consecuencias de la explotación minera a gran escala.
Existen muchos otros costos que difícilmente pueden ser valorados por la economía ambiental, que de por sí se queda corta en medir en su totalidad la complejidad de los ecosistemas colombianos. Por ejemplo, en procesos tanto de exploración como explotación minera y debido a la maquinaria, vehículos y tecnología empleados (que incluyen explosivos), se afecta fuertemente la estabilidad de los suelos y por ende su ecosistema asociado (fauna, flora y agua), se remueve toda la capa orgánica del suelo y la vegetación, causando casi la desaparición del ecosistema local, con pocas oportunidades de recuperación o restauración, aumentando de paso costos por compensación ecológica. En otros casos, para aprovechar la extracción del recurso, se necesitan grandes cantidades de agua para separar de otros elementos el recurso, para lo que se apela también al uso de químicos fuertemente contaminantes como es el caso del cianuro para la extracción de oro.
Pero más allá de los impactos al componente biofísico, están además los costos de valor cultural. La modificación de las estructuras productivas locales causada por grandes proyectos mineros, también altera las estructuras sociales y redefine ciertos conceptos (como el de territorio) dentro del grupo, por lo que también es posible que se generen ciertos costos de valor religioso para la población. A su vez, el cambio de las estructuras productivas también genera conflictos violentos. La inversión de las multinacionales en territorios ricos en recursos naturales y el dinero que ahí se genera, llaman la atención de grupos armados ilegales que se asientan en la región y se financian mediante las “vacunas” que cobran a las comunidades mediante el uso de la fuerza. Incluso, en muchos casos, se ha reportado también el uso de fuerza de ejércitos públicos, privados y empresas de mercenarios para despojar a las comunidades de las tierras de explotación[3].

Algunos casos relevantes en el escenario actual de la minería a gran escala en Colombia
La principal explotación minera que se adelanta en Colombia es carbonífera y se conoce como “El Cerrejón”. El segundo proyecto de explotación minera más importante del país es Cerromatoso, que extrae níquel y ferroníquel. Tanto el carbón como el níquel son los principales minerales de exportación y las más relevantes opciones de la inversión británica. La explotación minera de los recursos naturales del país está en manos de empresas extranjeras, al igual que el capital invertido en ella y pese a que un importante porcentaje de las regalías debe quedarse en el país, éste no compensa la inversión hecha por el gobierno ni los impactos socio-ambientales que se generan. Tenemos una riqueza mineral que no controlamos y que es vendida al mejor postor. Estamos empeñando nuestro futuro como nación, por unas regalías momentáneas en las manos de unos cuantos.
En un contexto urbano, hace poco la Secretaría Distrital de Ambiente de Bogotá ordenó de forma histórica, la suspensión de las actividades mineras que realizan tres grandes empresas (entre ellas dos reconocidas multinacionales) en el valle medio del río Tunjuelo. Las actividades llevadas a cabo en este lugar durante más de 40 años, en buena medida han logrado extraer los materiales con los cuales se ha construido gran parte de la ciudad (gravilla y areniscas). Sin embargo, este beneficio no ha sido completo, pues la actividad minera ha afectado y transformado radicalmente el cauce del río, desviándolo de forma ilegal y aumentando el riesgo de inundaciones y deslizamientos de tierra en las zonas aledañas, como sucedió con una gran inundación ocurrida en el año 2002. A su vez, la explotación de materiales ha traído consigo un detrimento en la calidad de vida de los habitantes de este importante pero marginado territorio urbano, el cual posee otros conflictos ambientales: contaminación por diversas fuentes al río Tunjuelo, polución (manifestada en la presencia de enfermedades vasculares y respiratorias), pocas zonas verdes o los efectos que tiene la cercanía del relleno sanitario de Doña Juana a este sector de la ciudad. Pese a la decisión de la Administración distrital sobre este asunto, ésta se encuentra supeditada al otorgamiento de licencias del Ministerio de Minas y a otras decisiones políticas.
De otro lado, varios casos han causado polémica recientemente debido a lo que se está proponiendo en cuanto a grandes proyectos mineros en el país. Uno es el proyecto de la mina “La Colosa”, localizada en el municipio de Cajamarca, Tolima. La polémica se centra en el gran impacto ecológico que la explotación minera de oro provocaría en la región dada la ubicación de esta mina. El lugar de explotación actualmente es una reserva forestal, que posee una importante zona de bosque alto-andino que aguarda una importante biodiversidad. Así mismo, este valioso ecosistema tiene una importancia económica incalculable para el país: hace parte de la cuenca alta del río Coello que aguas abajo beneficia a la planicie del río Magdalena a la altura del Espinal en donde se producen 30 mil hectáreas de arroz que consume el país y en donde se encuentra localizado en el distrito de riego más importante del país[4]. Pese a que el Esquema de Ordenamiento Territorial (EOT) de Cajamarca prohíbe la minería, tanto en la zona urbana como rural del municipio, la empresa Anglogold Ashanti (AGA) ya tiene permiso de exploración en ese lugar pese a los esfuerzos y presión de ambientalistas de todo el país incluyendo autoridades locales como la Corporación Autónoma Regional del Tolima, CORTOLIMA.
Finalmente, hoy en el país hay solicitudes de exploración y explotación minera sobre casi 8 millones de hectáreas ubicadas en Zonas de Protección, muchas de ellas presentes en ecosistemas de páramo[5], los cuales, son estratégicos en términos de conservación de la biodiversidad y de recursos hídricos. Son bien conocidos los casos del Nudo o Páramo de Santurbán entre los departamentos de Santander y Norte de Santander y el del Páramo del Almorzadero también en Santander. Este último tuvo una puja entre intereses mineros y las comunidades locales, en donde estos últimos lograron un triunfo, luego de que el Concejo Municipal de Cerrito, Santander, aprobó la Iniciativa Popular Normativa que había sido interpuesta por dichas comunidades para defender el páramo de la explotación minera[6]. Pese a este caso local, el panorama nacional aún es incierto no sólo en términos de aplicación de la legislación, sino también de control de la actividad minera en lugares estratégicos para la biodiversidad y el agua de la nación por parte de entes como el Ministerio de Minas y Energía y el INGEOMINAS.  

A manera de conclusión: abriendo el debate
Hablar de minería a gran escala en el país es un tema complejo y con diversas aristas. No se trata de asumir una oposición radical frente a las actividades de desarrollo minero en el país. Sin embargo, los proyectos de “minería sostenible” no existen, pues los recursos minerales son finitos y el impacto de su explotación es profundo y difícil de compensar en el corto y mediano plazo. Bajo el esquema actual sobre el cual se ha planteado, estrecho y excluyente, un proyecto minero de país sólo puede traer más desdichas que beneficios.
Si se requiere un desarrollo en las actividades mineras a gran escala, los proyectos deben contemplar acciones de compensación social y ecológica en el corto y largo plazo. En Colombia este proceso debe involucrar una importante participación de todos los sectores sociales y políticos del país y la verdad sea dicha, también hacer profundas reformas en la institucionalidad estatal, especialmente en el sector ambiente, para coordinar esfuerzos que redunden en un beneficio general de la sociedad hasta incluso encontrar y fomentar otros tipos de desarrollo económico más acordes al contexto nacional.
Para promover todas estas alternativas, obviamente, se requieren estudios en el marco de las ciencias ambientales que abarquen la complejidad ambiental del territorio colombiano (biofísica, social, cultural y política), lo que implica una fuerte inversión en investigación sin réditos en el corto plazo. Aunque también hay que hacer un llamado de alerta para fomentar que las investigaciones y estudios no se reduzcan a un acto de estricta denuncia, la cual, no obstante, es siempre bienvenida e importante, sino que realicen seguimientos técnicos y ofrezcan alternativas y propuestas de desarrollo que no impliquen quedarnos con los brazos cruzados, sino, acciones prospectivas que permitan también medir y lograr manejar situaciones inciertas en sistemas socio-ecológicos y que aún no se han abordado, como la explotación de coltán en departamentos como Guainía.
Para finalizar, es importante reconocer que los conflictos y problemas ambientales se relacionan con la forma en que se distribuyen los recursos biofísicos y la biodiversidad y a su vez, con el poder que ejerce la sociedad sobre dichos recursos y sobre los mismos seres humanos. En el caso de la minería, por lo menos, se ofrece la oportunidad de discutir y debatir si eso que hoy la política internacional llama “desarrollo sostenible” es posible y si es exitoso o no plantear nuevos escenarios en donde el desarrollo económico implique no sólo pensar en un bienestar financiero. Aún no se ha contemplado pensar en un bienestar en donde la naturaleza deje de ser considerada una fuente inagotable de recursos y acumulación de capital y es necesario empezar a cambiar ese modelo, en donde la naturaleza se vea como una parte intrínseca de nuestras vidas y de nuestro desarrollo como sociedad.

* Ecólogo, estudiante de maestría en Geografía de la Universidad de Los Andes y economista, estudiante de maestría en Economía – PEG de la Universidad de Los Andes

[1] Idárraga, Andrés., Muñoz, D.A., & Vélez, H. (2010) Conflictos socio-ambientales por la extracción minera en Colombia: Casos de la Inversión Británica. Bogotá, Colombia. p. 52
[2]Ibid. p. 116
[3] Ramírez, F. (2007, Marzo) Tierra y minería, el conflicto en Colombiahttp://tinyurl.com/26q7jwz
[4] López, M.C. (2010, Junio) La mina “La Colosa” http://www.lasillavacia.com/elblogueo/blogverde/15157/la-mina-la-colosa
[5] Duque, M.V. (2010, Junio) ¿Por qué minería en nuestros páramos?http://tinyurl.com/2c5re5d
[6] Censat Agua Viva (2010, Agosto) Aprobada la Iniciativa Popular Normativa que excluye la minería en el Páramo El Almorzadero http://tinyurl.com/29y995b
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http://revistasupuestos.uniandes.edu.co/?p=565

jueves, 2 de septiembre de 2010

Colombia: Encuentro de Mujeres y Pueblos contra la Militarización

(AW) Entre el 16 y el 23 de agosto se realizó en Colombia el Encuentro de Mujeres y Pueblos de las Américas contra la Militarización, al que asistieron alrededor de mil quinientas personas de todo el continente y otros países. Se llevaron a cabo visitas a territorios en conflicto armado, jornadas de discusión y, por último, una Vigilia por la Vida en la base militar estadounidense en Palanquero.

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El Encuentro estuvo organizado, entre otros, por el Movimiento Social de Mujeres Contra la Guerra y por la Paz, la Marcha Mundial de Mujeres y la Organización Feminista Popular (OFP) de Colombia.
Los primeros días, constaron de visitas humanitarias internacionales a lugares de conflicto armado en distintas regiones de Colombia. Allí, se pudo conocer parte de la realidad de este país y cómo la violencia se ha hecho presente en el campo y la ciudad.
El informe que produjeron las integrantes de estas visitas humanitarias, verificó cómo la militarización ha provocado diferentes violaciones a los derechos más elementales de las mujeres y los pueblos. Es decir, se registraron numerosas victimas de desplazamientos forzosos, asesinato de civiles, distintas prácticas deshumanizantes (interrogatorios violentos, ingreso de personal armado a casa, etc) y la cosificación de la mujer, como objeto y no como sujeto de vida.
Como dice uno de los folletos del Encuentro: "es habitual que en este contexto del conflicto armado se perpetren, principalmente contra las mujeres, actos de violencia de género expresados en agresión física, psicológica y sexual, esclavitud doméstica y sexual, prostitución forzada, embarazos y abortos forzados, y que se ejerza el control social sobre sus vidas en lo público y en lo privado, por parte de los diferentes actores armados legales e ilegales".
Sin embargo, en la segunda parte de esta reunión, los días 21 y 22 de agosto, durante la conferencia realizada en Barrancabermeja se pudo ver que las mujeres no han sido pasivas en este conflicto, sino que forman parte de diversas organizaciones de resistencia. Descendientes afrocolombianas, indígenas, campesinas, integrantes de sindicatos y otras expresiones de lucha en la ciudad han dado a conocer su voz en estas jornadas.
Como conclusiones, se llegó a una agenda común de movilizaciones, se rescató la necesidad de una mayor unión y la búsqueda de una salida política al conflicto. En este sentido, se evidenció la importancia de que los pueblos de los distintos países presionen a sus respectivos gobiernos para que exista una condena masiva al accionar violento del Estado y de los otros actores armados.
Vale recordar que a mediados de la década del 80, un acuerdo entre el entonces Presidente de la República, Belisario Betancur, y las FARC, logró establecer una salida democrática al conflicto: la Unión Patriótica, partido político que unió a militantes comunistas, miembros de las FARC, campesinos, dirigentes sindicales y pueblo en general. Sin embargo, poco tiempo después, al menos tres mil integrantes de esta fuerza fueron asesinados; lo que constituyó la aniquilación de la salida pacífica al conflicto. Aunque en 1993 fue presentado el caso a la Corte Interamericana de Derechos Humanos, este genocidio aún sigue impune.
Militarizando los recursos
Según las organizadoras del Encuentro, Colombia es el país que destina el mayor porcentaje del PBI en gasto militar de América Latina: 3.7%. "Por casi cincuenta años, el Estado colombiano ha privilegiado la salida militar en una guerra que cobra el costo más alto en vidas humanas de la población civil (...) las mujeres han tenido que asumir responsabilidades productivas, reproductivas y la jefatura de hogar como consecuencia del desplazamiento forzoso".
Es decir, el conflicto armado ha ocasionado un aumento de las violaciones a los derechos humanos y, en este marco, de la violencia de género. El uso de artefactos de guerra (tanto en manos de las Fuerzas Armadas, paramilitares, campesinos armados al servicio del Estado, como en la guerrilla) somete a las mujeres a la lógica de la dominación por vía de la fuerza, representada en las armas de guerra.
También se visibilizó que la militarización busca asegurar que las riquezas naturales permanezcan en manos de quienes más tienen, dueños y distribuidores históricos de esos recursos. No es accidental que allí donde se encuentran las bases militares más importantes, o donde se hayan los principales territorios controlados por paramilitares, es donde se encuentran las mayores reservas de agua, minerales y petróleo.
A todo esto, hay que agregarle la militarización extranjera que existe en Colombia hace ya varios años, pero que se ha acrecentado con la instalación de siete nuevas bases estadounidenses. Debido a esto, el último día del Encuentro, 23 de agosto, las mujeres y los hombres que acudieron a estas jornadas, se hicieron presentes frente a uno de los estandartes del imperialismo: la base militar de Palanquero, con un acto cultural y político que contó con expresiones musicales, teatro y danza, sumado a las palabras de Aida Quilcue, dirigente indígena; Yolanda Becerra, de la Organización Feminista Popular; Gloria Inés Ramírez, senadora colombiana del Polo Democrático Alternativo y Socorro Gomes, Presidenta de la Campaña Continental contra las Bases.
"El acuerdo militar suscrito entre los gobiernos de Colombia y Estados Unidos en noviembre de 2009, es un nuevo factor de profundización del conflicto social y armado con impactos diferenciados para las mujeres, amenaza la soberanía nacional y constituye un gesto hostil con los países de Latinoamérica que han emprendido un modelo de sociedad alternativo", dice el folleto entregado por las organizadoras. 
En este sentido, vale recordar que la Corte Constitucional de Colombia ha declarado la invalidez de dicho acuerdo; pero, el Estado parece no haber escuchado dicha sentencia y sigue buscando profundizar la vía militar al conflicto social, político y cultural que implanta la muerte como resguardo a los intereses económicos que subyacen en estas tierras.
http://www.agenciawalsh.org/aw/index.php?option=com_content&view=article&id=5481&Itemid=76

INVASIONES MINERAS EN COLOMBIA - PARTE 1

INVASIONES MINERAS EN COLOMBIA - PARTE 2

INVASIONES MINERAS EN COLOMBIA - PARTE 3

INVASIONES MINERAS EN COLOMBIA - PARTE 4